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jueves, 14 de mayo de 2015
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
Introducción
El cambio que se produce en la Historia Moderna de Europa por el cual se desencadena el paso
desde una economía agraria y artesana a otra dominada por la industria y la mecanización es lo
que denominamos Revolución Industrial. El término fue acuñado por el historiador Arnold
Toynbee para referirse al desarrollo económico británico entre 1760 y 1840, aunque luego se le
ha dado un significado más amplio.
Los principales rasgos de la Revolución Industrial
habría que clasificarlos en tecnológicos,
socioeconómicos y culturales. Los cambios
tecnológicos incluyen los siguientes: el uso de
nuevos materiales como son el hierro y el acero;
de nuevas fuentes de energía como el carbón y
nuevas fuerzas motrices como la máquina de
vapor. Se inventarán nuevas máquinas para hilar
(spinning jenny) o para tejer (el telar mecánico)
que permiten un enorme incremento de la
producción con un mínimo gasto de energía
humana. Surgirá una nueva forma de organización
del trabajo (factory system) que comporta la
división del trabajo y una mayor especialización de la mano de obra. También deben destacarse
las importantes mejoras de los transportes (trenes y barcos de vapor) y la creciente interacción
entre la ciencia y la industria. Estos cambios tecnológicos supondrán un vertiginoso incremento
del uso de recursos naturales y de la producción en masa de bienes manufacturados.
Fuera del campo industrial se producirán también importantes cambios: mejoras en la agricultura
que hará posible el suministro de alimentos para una creciente población urbana, declive de la
tierra como principal fuente de riqueza con el creciente papel que irán tomando la industria y el
comercio internacional.
Entre los cambios sociales y culturales son destacables el crecimiento de la población urbana, el
desarrollo de la llamada clase obrera y sus movimientos de protesta (el movimiento obrero), el
espectacular crecimiento de los conocimientos científicos y técnicos. La industrialización ha
supuesto el mayor cambio para la humanidad desde la llamada "Revolución Neolítica". En esta
página no se pretende un enfoque exhaustivo del proceso industrializador, pero sí una visión
general que sirva para quienes por primera vez se ocupan o se interesan por este tema capital de
nuestro mundo contemporáneo.
FACTORES DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
¿Por qué en Gran Bretaña? ¿Por qué a mediados del siglo XVIII?
Factores políticos
Factores sociales y económicos
Factores geográficos
La denominada Revolución Industrial tuvo su origen en Gran Bretaña desde
mediados del siglo XVIII. Uno de los aspectos más discutidos del estudio de este
proceso radica en la explicación de por
qué tuvo lugar primero en Gran Bretaña y
no en otros países. Se trata por tanto de
pasar revista de una forma sucinta a los principales
rasgos de este país en los momentos del
"despegue" del proceso industrializador. A
continuación se exponen de manera esquemática
algunos de los factores que explican este hecho,
procurando establecer comparaciones con la
situación de otros países del entorno europeo que
no comenzarán su industrialización hasta bien
entrado el siglo XIX.
Factores políticos
Un régimen político estable, la monarquía liberal, que
desde el siglo XVII es el sistema político imperante
(mientras en otros países de Europa se refuerza la
monarquía absoluta), y que se mantiene libre de las
revoluciones que aquejan a otros países europeos.
Las numerosas guerras en las que se vio envuelto el Reino Unido durante los siglos XVIII y
XIX no provocaron daños en territorio británico. La insularidad actuó en este sentido como una
barrera de protección a la que se unía el desarrollo de una poderosa flota de guerra que
mantendrá su hegemonía mundial durante los siglos XVIII y XIX.
La existencia de una moneda estable y un sistema bancario organizado: el Banco de Inglaterra
fue creado ya en 1694. Estas condiciones no se darán en otros países europeos hasta finales del
siglo XVIII.
Factores sociales y económicos
Abundancia de capitales, procedentes, en parte, del dominio comercial británico, pues desde el
siglo XVII la marina mercante británica en dura competencia con los holandeses se ha hecho con
el control de buena parte de los intercambios comerciales de otros continentes con Europa. El
comercio de productos como el te o el tabaco, y el tráfico de esclavos, había permitido la
creación de enormes fortunas, en manos de comerciantes y banqueros. Este comercio colonial
proporcionaba a Gran Bretaña materias primas y mercados donde vender sus productos
manufacturados.
Incremento sostenido de la capacidad para producir alimentos por parte de la agricultura
británica que está conociendo un importante desarrollo, la denominada revolución agraria, desde
la aprobación de leyes que permiten el cercamiento de las propiedades.
Existencia de una abundante mano de obra. La población británica crece a gran ritmo a causa
fundamentalmente de los cambios en la agricultura: el suministro constante y creciente de
alimentos va terminando con las crisis demográficas. Parte de esa población en crecimiento
emigrará a las ciudades y formará la masa de los trabajadores
industriales.
La mayor libertad económica a causa de la debilidad relativa con
respecto a otros países de organismos como los gremios que
suponían un freno a cualquier innovación en las actividades
industriales. No es casual que fuese un británico, el escocés Adam
Smith, autor de La Riqueza de las Naciones, quien hiciese la más
destacada e influyente defensa de la libertad económica: para Adam
Smith la mejor forma de emplear el capital para crear riqueza es
aquella en la cual la intervención de los gobiernos es lo más reducida
posible. La mano invisible del mercado asigna siempre de la forma
más eficiente los recursos económicos de un país.
Abundancia de emprendedores entre los comerciantes y los grandes
propietarios de tierra.
Una aristocracia que permite y premia las innovaciones y la creación de riqueza, en contraste con
la nobleza de otros países, más tradicional, apegada a la tierra y que desprecia cualquier forma de
trabajo productivo.
Menor peso de los impuestos al comercio en el mercado interno: en Gran Bretaña el peso de los
impuestos interiores era muy reducido comparado con otros países europeos donde era muy
común encontrarse aduanas interiores cada pocos kilómetros lo que convertía al comercio en una
actividad poco productiva. Puede decirse que en Gran Bretaña existía ya un mercado nacional
que en otros países sólo existirá cuando se eliminen las aduanas interiores y se cree una
importante red de ferrocarriles.
Factores geográficos
Abundancia de hierro y, sobre todo, de carbón. El hierro se encontraba en los Montes Peninos,
mientras que el carbón abundaba tanto en Inglaterra como en Gales y Escocia. De hecho,
después de tres siglos de explotación, Gran Bretaña sigue teniendo enormes reservas de carbón.
En las proximidades de las minas de carbón se concentrará gran parte del potencial industrial
británico en especial con el nacimiento de una fuerte industria siderúrgica básica para
proporcionar metales baratos para la construcción de
máquinas, ferrocarriles, infraestructuras...
Fácil y constante suministro de agua como fuente de
energía, pues el clima, lluvioso, superando de promedio
los 1.000 mm anuales y sin estación seca, proporciona
corrientes de agua numerosas y constantes. La energía
hidráulica desempeñará un importante papel en los años
previos a la difusión de la máquina de vapor.
El factor “insular”: abundancia de puertos que facilitan
el comercio nacional e internacional. Este factor unido a
la existencia de muchos ríos navegables (y canales que
se construirán) favoreció la creación muy temprana de
un mercado nacional con las ventajas que supone contar
con un mercado de gran tamaño a la hora de acometer inversiones.
LA REVOLUCIÓN DE LOS TRANSPORTES
Carreteras y canales
Los ferrocarriles
La navegación a vapor
Hoy sabemos que la modernización económica de un país pasa entre otras cosas por
una mejora en los transportes. Esta mejora incide en una bajada general de costes en todos los
sectores (se hacen más productivos) y permite la creación de mercados amplios (en el siglo XIX
se hablará de crear un mercado nacional) que hacen posible un mayor tamaño de las empresas y
por tanto mayor especialización y economías de escala.
Cabe preguntarse cual era la situación del Reino Unido al comienzo de esta etapa en
que se inicia la industrialización (comienzos del siglo XVIII). En primer lugar debe destacarse el
carácter insular de Gran Bretaña. La isla principal donde encontramos Inglaterra, Gales y
Escocia, tiene una forma alargada: apenas hay territorios que disten más de cien kilómetros del
mar. El clima lluvioso permite además la navegabilidad de muchos de sus ríos. Además, durante
la Era Moderna (siglos XV al XVIII) Inglaterra se ha convertido en una gran potencia marítima,
superando las anteriores primacías de España y Portugal y compitiendo con los holandeses en su
dominio comercial de los mares. Los puertos británicos pueden ser considerados en estos
momentos entre los más activos del mundo.
CARRETERAS Y CANALES
Por estas razones podemos considerar que a comienzos del siglo XVIII Gran Bretaña
contaba con un aceptable sistema de transportes, que verá enormes mejoras con la construcción
de carreteras y, sobre todo, de muchos kilómetros de canales, pensados fundamentalmente para
el transporte de mercancías pesadas, entre las que cabe destacar el carbón que conoce en estos
años un importante aumento en su demanda ante la creciente escasez de madera. A finales de
este siglo el carbón será una de las piezas claves de la industrialización británica. La
construcción de canales se convertirá en una verdadera fiebre de manera que a comienzos del
siglo XIX Gran Bretaña cuenta con más de 3000 kilómetros de aguas navegables, de ellos una
tercera parte canales construidos por el hombre: mil kilómetros de canales con la tecnología de la
época deben ser considerados como un esfuerzo notable.
Los canales redujeron enormemente el
precio del transporte y su estacionalidad,
pues al contrario que los caminos,
intransitables durante los largos periodos de
mal tiempo, los canales se encontraban útiles
casi todo el año.
EL FERROCARRIL
Pero la verdadera revolución de los
transportes vendrá con la construcción de
líneas de ferrocarril. La idea de construir
raíles de hierro por donde circulen vagones o
vagonetas era ya antigua, se utilizaba en las cercanías de las minas para transportar hasta un
puerto de mar o hacia un canal minerales como el carbón. Estos vagones eran arrastrados por
caballos o bueyes. La revolución vendrá cuando se piense en utilizar una versión de la máquina
de vapor “móvil” que sea capaz de arrastrarse a sí misma y a un número indeterminado de
vagones de carga.
Hubo intentos claramente fallidos, como los que
pretendieron la construcción de automóviles
movidos por una máquina de vapor (una versión
motorizada de los carruajes de la época) y que
debían circular por calles, carreteras y caminos:
su lentitud, su peso, su coste y su difícil manejo
no los llevaron más allá de la simple curiosidad,
aunque debamos considerarlos como
antecedentes de los automóviles movidos con
motores de explosión que surgirán a finales del
siglo XIX.
Quizás los primeros intentos de construir un
ferroc
arril con locomotoras movidas con la energía del vapor
sean aquellos realizados para transportar el carbón
desde las minas: muchos de ellos también fracasaron
por la fragilidad de unos raíles ideados para vagones
arrastrados por caballos y bueyes. Pero de la evolución
de estos prototipos saldrán los primeras locomotoras
viables como esta cuyo esquema reproducimos y que
fue diseñada por Richard Trevithick, ingeniero
británico auténtico pionero del ferrocarril, quien
primero diseñó máquinas de vapor de alta presión, y
desde comienzos del siglo XIX varias locomotoras capaces de arrastrar unas pocas toneladas de
carga sobre raíles. Sus desarrollos no fueron más allá de simples exhibiciones, pero sirvieron
para probar las capacidades del ferrocarril.
Durante la primera y segunda décadas del siglo XIX fueron mejorando las características de estas
locomotoras (potencia, seguridad) y se
logró la construcción de raíles lo
suficientemente resistentes. En este
contexto aparece la figura de George
Stephenson, responsable de la primera
línea ferroviaria útil y, que desde 1825
cubría el trayecto Stockton-Darlington
transportando carbón. En 1829 se puso en
marcha un concurso para construir una
línea entre Londres y Liverpool. El
ganador fue el propio Stephenson con su
locomotora The Rocket (el cohete, capaz de
viajar a unos 40 km/h) y así, desde 1830 se
encuentra en funcionamiento esta línea que transporta mercancías y pasajeros. Con esta línea el
ferrocarril demuestra su idoneidad para casi todo tipo de transportes (hasta ese momento era
concebido como un sistema para llevar el carbón desde las minas a las ciudades), incluyendo el
movimiento de personas.
En las décadas siguientes el
ferrocarril, se expandirá por
todo el mundo siguiendo
muchas normas marcadas por
Stephenson (incluyendo su
ancho de vía de 1,43 metros,
con la excepción de unos
pocos países que, como
España, prefirieron otra anchura) convirtiéndose por su fiabilidad (sin que faltaran
espectaculares accidentes desde sus comienzos) precio y carácter no estacional en el principal
medio de transporte terrestre hasta mediados del siglo XX, jugando un papel económico más
importante incluso en otros países que por su tamaño (Estados Unidos, Rusia) o sus dificultades
geográficas (España, Suiza) no contaban con las relativas facilidades que sí tenía el Reino Unido.
LA NAVEGACIÓN A VAPOR
Los primeros intentos registrados de mover un barco mediante una máquina de vapor se
producen en el último cuarto del siglo XVIII, pero no será hasta los primeros años del siglo XIX
cuando un ingeniero estadounidense, Robert Fulton, construya un barco propulsado por una
rueda movida con la fuerza del vapor.
Estos primeros barcos por sus
características quedaron marginados a
la navegación fluvial y costera.
Habrá que esperar a las décadas
centrales del siglo XIX para que los
barcos de vapor empiecen a desbancar
a los veleros que durante siglos se
habían constituido en un medio de
transporte de mercancías y personas
sin el cual es difícil entender la llamada Era Moderna (los "Descubrimientos", el comercio
transoceánico, el colonialismo...). Para que esta sustitución fuese posible el barco de vapor
recibirá importantes mejoras: la sustitución de la rueda por la hélice, la incorporación de
máquinas más eficientes, la construcción de los barcos con casco de hierro. Con estas mejoras
los barcos se hicieron más manejables, no tenían que malgastar su capacidad de carga
acumulando enormes cantidades de combustible (o repostar muy a menudo) y se convirtieron en
más rápidos y seguros.
En las últimas décadas del siglo XIX los barcos de vapor serán piezas insustituibles en
fenómenos como el afianzamiento de un mercado mundial o en los intensos procesos migratorios
que llevaran a varios millones de europeos a poblar Argentina, Australia o, sobre todo, los
Estados Unidos de América.
LOS CAMBIOS SOCIALES
El crecimiento demográfico
Las condiciones de vida de los obreros
Protestas obreras
EL CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO.
Aunque la industrialización va a producir enormes transformaciones en la sociedad británica
como el crecimiento de la llamada clase burguesa, o el éxodo rural producto de la revolución
agraria, sin embargo quizá los dos fenómenos sociales más dignos de estudio sean el
espectacular crecimiento demográfico y el nacimiento de una nueva y masiva clase trabajadora
formada por los obreros de las nuevas industrias.
La industrialización va a provocar un crecimiento de la población sin precedentes en la historia
de la humanidad conocido como la Revolución Demográfica. Los cambios en la industria, la
agricultura y los transportes produjeron un aumento espectacular de la riqueza (que se traduce
fundamentalmente en una mejor alimentación) que se reflejó en un crecimiento notable de la
población que servirá para multiplicar los habitantes de Europa en muy pocos años e incluso para
poblar con emigrantes otros continentes.
La disminución de algunas de las más temibles epidemias que habían azotado Europa durante
siglos, ciertas mejoras sanitarias e higiénicas ( como el descubrimiento de la primera vacuna por
el doctor Edward Jenner en 1796 que protegía contra la
viruela) y, sobre todo, una mejor alimentación con el fin
de las crisis de subsistencia, están entre las causas de ese
crecimiento demográfico. Este aumento de la población
fuerte y sostenido explica el enorme crecimiento de las
ciudades británicas a lo largo de los siglos XVIII y XIX.
LAS CONDICIONES DE VIDA DE LOS OBREROS
Precisamente en algunas de estas ciudades el crecimiento
rápido, desordenado y sin criterios surgirán enormes
suburbios superpoblados, sucios y conflictivos donde las
epidemias de tifus o cólera se convierten en algo habitual.
Estos suburbios surgían muchas veces en torno a una
fábrica: estaban formados por los barracones donde vivían los operarios de esa fábrica.
Sin entrar en el conocido debate de si la industrialización mejoró o empeoró las condiciones de
vida de los trabajadores, si que puede intentarse describir las situación en la que vivían estos
obreros, que puede calificarse en general como muy mala, así como sus condiciones laborales
habría que describirlas como espantosas: fábricas sucias, húmedas, oscuras, poco ventiladas y
ruidosas (condiciones causadas por la presencia en ellas de las máquinas de vapor y por la nula
preocupación de los patrones por las condiciones laborales de sus empleados). En estas fábricas
poco sanas y peligrosas era habitual que sus obreros pasasen de doce a catorce horas diarias,
trabajándose incluso sábados en jornada completa, y domingos hasta mediodía. La concentración
de obreros en las fábricas es la que hace posible que estos trabajadores tomen conciencia de su
situación y vean que mediante acciones colectivas podrían tratar de mejorar sus condiciones de
vida. El factory system se encuentra por
tanto en el origen del movimiento obrero.
La industrialización impulsó también el
trabajo de mujeres y niños de muy corta
edad, pues si antes en muchos oficios la
fuerza del trabajador era un factor clave,
ahora la fuerza la realizan las máquinas. Los
empresarios fomentaron el trabajo infantil y
femenino porque mujeres y niños recibían
salarios dos y tres veces inferiores a los de
los hombres. Los niños fueron empleados en
la industria textil, en las minas, en la
industria siderúrgica: durante el siglo XVIII
no hubo normas que regulasen el empleo
infantil. Para hacerse una idea de las
dimensiones alcanzadas por esta explotación basta con citar la existencia de una ley del
parlamente británico que en 1833 (The Factory Act, 1833) dejaba la jornada laboral de los niños
de nueve a trece años en "sólo" nueve horas diarias, y de trece a dieciocho años el trabajo estaba
fijado en diez horas y media (la jornada duraba para ellos doce horas, pero con hora y media
reservada para las comidas). Todavía en 1891, una ley que pretendía luchar contra abusos en la
explotación infantil se limitó a elevar la edad mínima de trabajo de los diez a los once años.
De hecho, apenas se detectan preocupaciones sociales durante la segunda mitad del siglo XVIII
pues estas condiciones se aceptan como normales. Ya en el siglo XIX investigaciones
parlamentarias, protestas sindicales o conocidos relatos como los de Dickens en Tiempos
Difíciles, pusieron de manifiesto la dureza de la vida de los obreros industriales.
PROTESTAS OBRERAS
Aunque desde los inicios de la industrialización se registra una notable oposición de los obreros
artesanos a la introducción de máquinas, las primeras formas de protesta obrera se detectan en
Gran Bretaña en la segunda década
del siglo XIX cuando surge el
conocido Movimiento Ludita (o
Ludismo), nombre que deriva de un
personaje real o inventado, un
obrero, Ned Ludd, cabecilla de este
movimiento de protesta que se
canalizaba hacia la destrucción de la
maquinaria, y que pronto se
extenderá por varios condados de
Inglaterra donde la industria textil se
había convertido en la principal
manufactura. Las Guerras
Napoleónicas de años posteriores
hicieron saltar en varias ocasiones
nuevas protestas luditas.
El llamado Movimiento Cartista
supone una versión más organizada del Movimiento Obrero y que se desarrolla entre 1837 y
mediados del siglo XIX. Debe su nombre a la denominada Carta del Pueblo, documento que
llegó a conseguir la firma de cientos de miles de obreros y que era una petición elevada al
Parlamento en la que se pedía el Sufragio Universal, el voto secreto, la igualdad en el valor de
los votos... En definitiva, revelaba el deseo de democratización del sistema político británico: el
movimiento obrero desea participar en el juego político y desde ahí mediante la presentación de
leyes en el Parlamento, mejorar las condiciones de vidas de los obreros industriales. Desde
mediados de siglo el movimiento irá perdiendo fuerza progresivamente, aunque paradójicamente,
en años posteriores, el Parlamento Británico adoptará la mayor parte de las peticiones recogidas
en la Carta del Pueblo.
Hay que recordar que la legislación británica (leyes aprobadas en 1799 y 1800) prohibía de una
forma terminante la formación de asociaciones obreras, pues se consideraba que estas
asociaciones chocaban con el espíritu del liberalismo económico: debía ser el mercado quien
fijase los salarios y no la presión de los sindicatos.
Pero a pesar de estos obstáculos legales surgieron diversas formas de asociacionismo obrero
sostenidas por las cuotas que pagaban los trabajadores y que pretendían, ante todo, ofrecer
protección para los asociados en caso de accidente o enfermedad. A partir de 1824 las leyes
británicas autorizan el asociacionismo obrero que darán origen a lo que podemos considerar los
primeros sindicatos de obreros, las llamadas Trade Unions en las que, en principio se unían los
trabajadores con un mismo oficio en una localidad. En los años treinta esas asociaciones
profesionales y locales se irán uniendo entre sí hasta formar enormes asociaciones que a
mediados de siglo agrupaban a cientos de miles de obreros británicos de todos los oficios. La
huelga, la negociación colectiva pacífica y, cuando lo permitan las leyes electorales, la
participación en política, serán los instrumentos de los que se valdrá el sindicalismo británico
para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
martes, 3 de marzo de 2015
Sábado,
13 de octubre « Luego que amaneció vinieron a la playa muchos de estos
hombres, todos mancebos, como 85 dicho tengo, y todos de buena estatura, gente
muy hermosa: los cabellos no crespos, salvo corredios y gruesos, como sedas de
caballo, y todos de la frente y cabeza muy ancha más que otra generación que
hasta aquí haya visto, y los ojos muy hermosos y no pequeños, y ellos ninguno
prieto, salvo de la color de los canarios, ni se debe esperar otra cosa, pues
está Este Oeste con la isla de Hierro, en Canaria, bajo una línea. Las piernas
muy derechas, todos a una 90 mano, y no barriga, salvo muy bien hecha. Ellos
vinieron a la nao con almadías, que son hechas del pie de un árbol, como un
barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy a maravilla, según la tierra,
y grandes, en que en algunas venían cuarenta o cuarenta y cinco hombres, y
otras más pequeñas, hasta haber de ellas en que venía un solo hombre. Remaban
con una pala como de hornero, y anda a maravilla; y si se le trastorna, luego
se echan todos a na- 95 dar y la enderezan y vacían con calabazas que traen
ellos. Traían ovillos de algodón hilado y papagayos y azagayas y otras cositas
que sería tedio de escribir, y todo daban por cualquier cosa que se los diese.
Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vi que algunos de ellos
traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen a la nariz, y por señas
pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí
un rey que tenía gran- 100 des vasos de ello, y tenía muy mucho. Trabajé que
fuesen allá, y después vi que no entendían en la ida. Determiné de aguardar
hasta mañana en la tarde y después partir para el Sudeste, que según muchos de
ellos me enseñaron decían que había tierra al Sur y al Sudoeste y al Noroeste,
y que éstas del Noroeste les venían a combatir muchas veces, y así ir al
Sudoeste a buscar el oro y piedras preciosas. Esta isla es bien grande y muy
llana y de árboles muy ver- 105 des y muchas aguas y una laguna en medio muy
grande, sin ninguna montaña, y toda ella verde, que es placer de mirarla; y
esta gente harto mansa, y por la gana de haber de nuestras cosas, y temiendo
que no se les ha de dar sin que den algo y no lo tienen, toman lo que pueden y
se echan luego a nadar; que hasta los pedazos de las escudillas y de las tazas
de vidrio rotas rescataban hasta que vi dar dieciséis ovillos de algodón por
tres ceotís de Portugal, que 110 es una blanca de Castilla, y en ellos habría
más de una arroba de algodón hilado. Esto defendiera y no dejara tomar a nadie,
salvo que yo lo mandara tomar todo para Vuestras Altezas si hubiera en
cantidad. Aquí nace en esta isla, mas por el poco tiempo no pude dar así del
todo fe. Y también aquí nace el oro que traen colgado a la nariz; más, por no
perder tiempo quiero ir a ver si puedo topar a la isla de Cipango. Ahora, como
fue noche, todos se fueron a tierra 115 con sus almadías.»
Domingo, 14 de octubre
«En amaneciendo mandé aderezar el batel de la nao y las barcas de las
carabelas, y fui al luengo de la isla, en el camino del Nordeste, para ver la
otra parte, que era de la otra parte, del Este que había, y también para ver
las poblaciones, y vi luego dos o tres, y la gente que 120 venían todos a la
playa llamándonos y dando gracias a Dios. Los unos nos traían agua; otros,-4-
otras cosas de comer; otros, cuando veían que yo no curaba de ir a tierra, se
echaban a la mar nadando y venían, y entendíamos que nos preguntaban si éramos
venidos del cielo. Y vino uno viejo en el batel dentro, y otros a voces grandes
llamaban todos, hombres y mujeres: «Venid a ver los hombres que vinieron del
cielo; traedles de comer y de beber». Vinieron muchos 125 y muchas mujeres,
cada uno con algo, dando gracias a Dios, echándose al suelo, y levantaban las
manos al cielo, y después nos llamaban que fuésemos a tierra. ... Y para ver
todo esto me moví esta mañana, porque supiese dar de todo relación a Vuestras
Altezas y también adónde pudiera hacer fortaleza, y vi un pedazo de tierra que
se hace como isla, aunque no lo es, en que había seis casas, el cual se pudiera
atajar en dos días por isla; aunque yo no veo necesa- 130 rio, porque esta
gente es muy simplice en armas, como verán Vuestras Altezas de siete que yo
hice tomar para les llevar y aprender nuestra habla y volverlos, salvo que
Vuestras Altezas cuando mandaren puédenlos todos llevar a Castilla o tenerlos
en la misma isla cautivos, porque con cincuenta hombres los tendrán todos
sojuzgados y les harán hacer todo lo que quisieren. Y después junto con la
dicha isleta están huertas de árboles las más hermosas que yo vi, 135 y tan
verdes y con sus hojas como las de Castilla en el mes de abril y de mayo, y
mucha agua. Yo miré todo aquel puerto y después me volví a la nao y di a la
vela, y vi tantas islas que yo no sabía determinarme a cuál iría primero. Y
aquellos hombres que yo tenía tomado me decían por señas que eran tantas y
tantas que no había número, y nombraron por su nombre más de ciento. Por ende
yo miré por la más grande, y a aquélla determiné andar, y así hago, y será 140
lejos de ésta de San Salvador cinco leguas; y las otras de ellas más, de ellas
menos. Todas son muy llanas, sin montañas y muy fértiles y todas pobladas, y se
hacen la guerra la una a la otra, aunque éstos son muy símplices y muy lindos
cuerpos de hombres.»
Martes, 16 de octubre
Y así temporicé toda esta noche hasta el día que vine a una población, adonde
yo surgí y don- 145 de había venido aquel hombre que yo hallé ayer en aquella
almadía a medio golfo, el cual había dado tantas buenas nuevas de nos que toda
esta noche no faltaron almadías a bordo de la nao, que nos traían agua y de lo
que tenían. Yo a cada uno le mandaba dar algo, es a saber, algunas
cuentecillas, diez o doce de ellas de vidrio en un hilo, y algunas sonajas de
latón de éstas que valen en Castilla un maravedí cada una, y algunas agujetas,
de que todo tenían en 150 grandísima excelencia, y también los mandaba dar,
para que comiesen cuando venían en la nao, y miel de azúcar. Y después, a horas
de tercia, envié al batel de la nao en tierra por agua, y ellos de muy buena
gana le enseñaban a mi gente a dónde estaba el agua, y ellos mismos traían los
barriles llenos al batel y se holgaban mucho de nos hacer placer. Esta isla es
grandí- sima y tengo determinado de la rodear, porque, según puedo entender, en
ella o cerca de ella 155 hay mina de oro. ... Ahora escribiendo esto, di la
vela con el viento Sur para pujar a rodear toda la isla, y trabajar hasta que
halle Samaot, que es la isla o ciudad adonde es el oro, que así lo dicen todos
estos que aquí vienen en la nao, y nos lo decían los de la isla de San Salvador
y de Santa María. Esta gente es semejante a aquellas de las dichas islas, y una
habla y unas costumbres, salvo que éstos ya me parecen algún tanto más
doméstica gente y de trato y más 160 sutiles, porque veo que han traído algodón
aquí a la nao y otras cositas, que saben mejor refetar el pagamento que no
hacían los otros. Y aun en esta isla vi paños de algodón hechos como mantillos,
y la gente más dispuesta, y las mujeres traen por delante su cuerpo una cosita
de algodón que escasamente les cobija su natura. Ella es isla muy verde y llana
y fertilísima, y no pongo duda de que todo el año siembran panizo y cogen, y
así todas otras cosas. Y vi mu- 165 chos árboles muy disformes de los nuestros,
y de ellos muchos que tenían los ramos de muchas maneras y todo en un pie, y un
ramito es de una manera y otro de otra, y tan disforme-5- que es la mayor
maravilla del mundo cuánta es la diversidad de una manera a la otra;
verbigracia, un ramo tenía las hojas a manera de cañas y otro de la manera de
lentisco, y así en un solo árbol de cinco o seis de estas maneras, y todos tan
diversos; ni éstos son injertados, por- 170 que se pueda decir que el injerto
lo hace, antes son por los montes, ni cura de ellos esta gente. No les conozco
secta ninguna, y creo que muy presto se tornarían cristianos, porque ellos son
de muy buen entender. Aquí son los peces tan disformes de los nuestros que es
maravilla. Hay algunos hechos como gallos, de las más finas colores del mundo,
azules, amanlíos, colorados y de todas colores, y otros pintados de mil
maneras; y las colores son tan finas que no 175 hay hombre que no se maraville
y no tome gran descanso a verlos. También hay ballenas. Bestias en tierra no vi
ninguna de ninguna manera, salvo papagayos y lagartos. Un mozo me dijo que vio
una grande culebra. Ovejas ni cabras ni otra ninguna bestia vi; aunque yo he
estado aquí muy poco, que es medio día: mas si las hubiese no pudiera errar de
ver alguna. El cerco de esta isla escribiré después que yo la hubiese rodeado.»
180
Miércoles ,17 de octubre«A
mediodía partí de la población adonde yo estaba surgido y adonde tomé agua para
ir a rodear esta isla Fernandina, y el viento era Sudoeste y Sur, y como mi
voluntad fuese de seguir esta costa de esta isla adonde yo estaba al Sudeste,
porque así se corre toda Nornoroeste y Sursudeste y quería llevar el dicho
camino de Sur y Sudeste, porque aquella parte todos 185 estos indios que traigo
y otro de quien hube señas en esta parte del Sur a la isla a que ellos llaman
Samoet, adonde es el oro, y Martín Alonso Pinzón, capitán de la carabela Pinta,
en la cual yo mandé a tres de estos indios, vino a mi y me dijo que uno de
ellos muy certificadamente le había dado a entender que por la parte del
Nornoroeste muy más presto arrodearía la isla. ... En este tiempo anduve así
por aquellos árboles, que era la cosa más hermosa de ver 190 que otra se haya
visto, viendo tanta verdura en tanto grado como en el mes de mayo en el
Andalucía, y los árboles todos están tan disformes de los nuestros como el día
de la noche; y así las frutas y así las hierbas y las piedras y todas las
cosas. Verdad es que algunos árboles eran de la naturaleza de otros que hay en
Castilla: por ende había muy gran diferencia, y los otros árboles de otras
maneras eran tantos que no hay persona que lo pueda decir ni asemejar a 195
otros en Castilla. La gente toda era una con los otros ya dichos, de las mismas
condiciones, y así desnudos y de la misma estatura, y daban de lo que tenían
por cualquier cosa que les diesen; y aquí vi que unos mozos de los navíos les
trocaron azagayas por unos pedazuelos de escudillas rotas y de vidrio. Y los
otros que fueron por el agua me dijeron cómo habían estado en sus casas y que
eran de adentro muy barridas y limpias, y sus camas y paramentos de 200 cosas
que son como redes de algodón; ellas, las casas, son todas a manera de
alfaneques y muy altas y buenas chimeneas; mas no vi entre muchas poblaciones
que yo vi que ninguna pasase de doce hasta quince casas. Aquí hallaron que las
mujeres casadas traían bragas de algodón, las mozas no, sino salvo algunas que
eran ya de edad de dieciocho años. Y ahí había perros mastines y branchetes, y
ahí hallaron uno que había al nariz un pedazo de oro que se- 205 ría como la
mitad de un castellano, en el cual vieron letras. ... Crean Vuestras Altezas
que es esta tierra la mejor y más fértil y temperada y llana y buena que haya
en el mundo.» ... ni me sé cansar los ojos de ver tan hermosas verduras y tan
diversas de las nuestras. Y aun creo que hay en ella muchas hierbas y muchos
árboles que valen mucho en España para tinturas y medicinas de especiería, mas
yo no los conozco, de que llevo grande pena. Y llegando yo aquí a 210 este cabo
vino el olor tan bueno y suave de flores o árboles de la tierra, que era la
cosa más dulce del mundo. De mañana, antes que yo de aquí vaya iré en tierra a
ver qué es. Aquí en el cabo no es la población salvo allá más adentro, donde
dicen otros hombres que yo traigo que-6- está el rey que trae mucho oro; y yo
de mañana quiero ir tanto avante que halle la población y vea o haya lengua con
este rey que, según éstos dan las señas, él señorea todas estas islas co- 215
marcanas y va vestido y trae sobre sí mucho oro; aunque yo no doy mucha fe a
sus decires, así por no los entender yo bien como en conocer que ellos son tan
pobres de oro que cualquiera poco que este rey traiga les parece a ellos mucho.
Este al que yo digo Cabo Hermoso creo que es la isla apartada de Samoeto, y aun
hay ya otras entremedias pequeñas. Yo no curo así de ver tanto por menudo 69,
porque no lo podría hacer en cincuenta años, porque quiero 220 ver y descubrir
lo más que yo pudiere para volver a Vuestras Altezas, a Nuestro Señor
aplaciendo, en abril. Verdad es que, hallando adonde haya oro o especiería en
cantidad, me detendré hasta que yo haya de ello cuanto pudiere; y por esto no
hago sino andar para ver de topar en ello.» Domingo, 21 de octubre 225 «A las diez horas llegué aquí a este
cabo del isleo y surgí, y asimismo las carabelas. Y después de haber comido fui
en tierra, adonde aquí no había otra población que una casa, en la cual no
hallé a nadie, que creo con temor se habían huido, porque en ella estaban todos
sus aderezos de casa. Yo no les dejé tocar nada, salvo que me salí con estos
capitanes y gente a ver la isla; que si las otras ya vistas son muy hermosas y
verdes y fértiles, ésta es mucho más 230 y de grandes arboledos y muy verdes.
Aquí es unas grandes lagunas, y sobre ellas y a la rueda es el arboledo en
maravilla, y aquí y en toda la isla son todos verdes y las hierbas como en
abril en el Andalucía; y el cantar de los pajaritos que parece que el hombre
nunca se querría partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen
el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras que
es maravilla; y después hay árboles de mil ma- 235 neras y todos de su manera
fruto, y todos huelen que es maravilla, que yo estoy el más apenado del mundo
de no conocerlos, porque soy bien cierto que todos son cosa de valía, y de
ellos traigo la muestra y asimismo de las hierbas. ... Después se llegaron a
nos unos hombres de ellos, y uno se llegó a quien yo di unos cascabeles y unas
cuentecillas de vidrio y quedó muy contento y muy alegre, y por que la amistad
creciese más y los requiriese algo, le hice pedir 240 agua, y ellos, después
que fui en la nao, vinieron luego a la playa con sus calabazas llenas y
holgaron mucho de dárnosla. Y yo les mandé dar otro ramalejo de cuentecillas de
vidrio y dijeron que de mañana vendrían acá. Yo quería henchir aquí toda la
vasija de los navíos de agua; por ende, si el tiempo me da lugar, luego me
partiré a rodear esta isla hasta que yo haya lengua con este rey y ver si puedo
haber de él oro que oigo que trae, y después partir para 245 otra isla grande
mucho, que creo que debe ser Cipango, según las señas que me dan estos indios
que yo traigo, a la cual ellos llaman Colba, en la cual dicen que hay naos y
mareantes muchos y muy grandes, y de esta isla otra que llaman Bofío que
también dicen que es muy grande. Y a las otras que son entremedio veré así de
pasada, y según yo hallare recaudo de oro o especiería determinaré lo que he de
hacer. Más todavía, tengo determinado de ir a la 250 tierra firme y a la ciudad
de Quisay y dar las cartas de Vuestras Altezas al Gran Can y pedir respuesta y
venir con ella.»
Lunes, 22 de octubre
«Toda esta noche y hoy estuve aquí aguardando si el rey de aquí u otras
personas traerían oro u otra cosa de sustancia, y vinieron muchos de esta
gente, semejantes a los otros de las otras 255 islas, así desnudos y así
pintados, de ellos de blanco, de ellos de colorado, de ellos de prieto y así de
muchas maneras.Traían azagayas y algunos ovillos de algodón a rescatar, el cual
troca--7- ban aquí con algunos marineros por pedazos de vidrio, de tazas
quebradas y por pedazos de escudillas de barro. Algunos de ellos traían algunos
pedazos de oro colgados al nariz, el cual de buena gana daban por un cascabel
de esos de pie de gavilano 76 y por cuentecillas de vi- 260 drio: mas es tan
poco, que no es nada: que es verdad que cualquiera poca cosa que se les dé.
Ellos también tenían a gran maravilla nuestra venida, y creían que éramos
venidos del cielo. Tomamos agua para los navíos en una laguna que aquí está
cerca del cabo del Isleo, que así nombré; y en la dicha laguna Martín Alonso
Pinzón, capitán de la Pinta, mató otra sierpe tal como la otra de ayer de siete
palmos, e hice tomar aquí del liñábe cuanto se halló.» 265
Martes,
23 de octubre «Quisiera hoy partir para la isla de Cuba, que creo
que debe ser Cipango, según las señas que dan esta gente de la grandeza de ella
y riqueza, y no me detendré más aquí ni ... esta isla alrededor para ir a la
población, como tenía determinado, para haber lengua con este rey o señor, que
es por no me detener mucho, pues veo que aquí no hay mina de oro; y al rodear
de estas 270 islas ha menester muchas maneras de viento, y no vienta así como
los hombres querrían. Y pues es de andar donde haya trato grande, digo que no
es razón de se detener, salvo ir a camino y calar mucha tierra hasta topar en
tierra muy provechosa, aunque mi entender es que ésta sea muy provechosa de
especiería, mas que yo no la conozco que llevo la mayor pena del mundo, que veo
mil maneras de árboles que tienen cada uno su manera de fruta y verde ahora 275
como en España en el mes de mayo y junio y mil maneras de hierbas, eso mismo
con flores, y de todo no se conoció salvo este liñáloe de que hoy mandé también
traer a la nao mucho para llevar a Vuestras Altezas.
Miércoles, 24 de octubre
«Esta noche a media noche levanté las anclas de la isla Isabela del cabo del
Isleo, que es de la 280 parte del Norte, adonde yo estaba posado para ir a la
isla de Cuba, adonde oí de esta gente que era muy grande y de gran trato y
había en ella oro y especierías y naos grandes y mercaderes, y me mostró que al
Oessudoeste iría a ella; y yo así lo tengo, porque creo que si es así, como por
señas que me hicieron todos los indios de estas islas y aquellos que llevo yo
en los navíos, porque por lengua no los entiendo, es la isla de Cipango, de que
se cuentan cosas ma- 285 ravillosas, ...
Viernes, 26 de octubre
Estuvo de las dichas islas de la parte del Sur. Era todo bajo cinco o seis
leguas; surgió por allí. Dijeron los indios que llevaba que había de ellas a
Cuba andadura de día y medio con sus almadías, que son navetas de un madero
adonde no llevan vela. Estas son las canoas. Partió 290 de allí para Cuba,
porque por las señas que los indios le daban de la grandeza y del oro y perlas
de ella, pensaba que era ella, conviene a saber: Cipango.
Domingo,
28 de octubre Dice el Almirante que nunca tan hermosa cosa vio,
lleno de árboles, todo cercado el río, hermosos y verdes y diversos de los
nuestros, con flores y con su fruto, cada uno de su manera. 295 Aves muchas y
pajaritos que cantaban muy dulcemente; había gran cantidad de palmas de otra
manera que las de Guinea y de las nuestras, de una estatura mediana y los pies
sin aque--8- lla camisa y las hojas muy grandes, con las cuales cobijan las
casas; la tierra muy llana. Saltó el Almirante en la barca y fue a tierra, y
llegó a dos casas que creyó ser de pescadores y que con temor se huyeron, ...
Dice que es aquella isla la más hermosa que ojos hayan visto, llena 300 de muy
buenos puertos y ríos hondos, ... Decían los indios que en aquella isla había
minas de oro y perlas, ...
Lunes, 29 de octubre Las
casas dice que eran ya más hermosas que las que había visto, y creía que cuanto
más se allegase a la tierra firme serían mejores. ... Dice que halló árboles y
frutas de muy maravillo- 305 so sabor; y dice que debe haber vacas en ella y
otros ganados, porque vio cabezas en hueso que le parecieron de vaca. Aves y
pajaritos y el cantar de los grillos en toda la noche con que se holgaban
todos: los aires sabrosos y dulces de toda la noche, ni frío ni caliente. .
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